El valor de la música

El ser humano encontró la música dentro de sí mismo, e inmediatamente la expresó para escucharse, otros también escucharon, imitaron y juntos pudieron ir inventando mundos sonoros cada vez más complejos. La música surgió así, como el lenguaje de nuestros afectos más profundos, un lenguaje que simboliza con su orden interno estructurado, el orden de todo el universo. La música tiene la capacidad de conectarnos con nuestra esencia y dispone un puente a través del cual exteriorizar nuestras intuiciones más profundas.

La música es la más grande y genuina expresión del espíritu del ser humano, tan básica para su desarrollo y su existencia como lo es el lenguaje. A través de la música los niños adquieren mayor conciencia de sí mismos, del entorno y de los demás y aprenden una valiosa forma de canalizar y transformar sus emociones. Con la música pueden desarrollar de manera única su imaginación y su inabarcable creatividad. La música es nuestra puerta de acceso más directa al reino del alma, dónde experimentamos belleza, orden, armonía, un aliento cargado de afectividad profunda.

Una educación musical racional

Lamentablemente estamos perdiendo la riqueza que la música puede aportar a nuestras vidas, por haber olvidado nuestras prácticas musicales más simples y directas y habernos rodeado por un lado, de un hábitat musical empobrecido por el dominio de los medios de comunicación que poca calidad pueden ofrecer al respecto, junto a la pérdida de una tradición de canciones populares y rituales y juegos sonoros, y por otro lado por una educación musical puramente racional, que ha confundido el símbolo escrito de la música, la partitura, con el hecho sonoro en sí mismo y que se centra en mecanizar y desarrollar habilidades técnicas muy alejadas de la verdadera comprensión y conexión profunda con la música. Los niños aprenden a tocar un instrumento descifrando partituras, de forma mecánica, imitando y memorizando, pero no aprenden a comprender y a amar la música, pudiendo encontrar así en ella una fuente profunda de experiencias creativas donde encontrar tesoros para toda su vida. Se ha llegado a identificar aprender música con aprender a leer música.

El hogar es la escuela más importante que un niño tiene en su vida y los padres los profesores más significativos. La mayor parte de los padres son capaces de guiar a sus hijos en la adquisición de las habilidades motrices primarias, en la adquisición del lenguaje hablado y de las habilidades aritméticas básicas, en cambio, no ocurre así con las habilidades musicales. Esto se debe a que a ellos mismos no les enseñaron a interpretar y a comprender  música cuando eran pequeños. Incluso en las escuelas infantiles no se dispone de un repertorio adecuado y rico de canciones, ni las profesoras disponen, como norma general, de un oído musical bien formado ni tienen entre sus objetivos desarrollar la musicalidad de los niños. Se les suele dar a los niños un ejemplo musical muy pobre, con canciones de escaso valor musical y se pone el énfasis en los textos, que sirven más para estimular la imaginación visual que para guiar la atención hacia el sonido, que queda así en segundo plano. De esta manera se les da a los niños muy poca o ninguna oportunidad de ser guiados hacia la adquisición de las habilidades esenciales que les abrirían las puertas de un aprendizaje musical realmente profundo y significativo para el resto de su vida.

La situación aún empeora más, cuando los niños llegan a primaria y lo único que se les explica de la música son los signos de la notación musical y se les dan definiciones o explicaciones teóricas sobre cuestiones que tienen escasa relevancia para el desarrollo de su musicalidad, que permanece escondida, esperando un hábitat donde florecer. La enseñanza de la música, que debería ser una disciplina artística de primer orden, disponible para el enriquecimiento significativo de los niños, se convierte en una disciplina académica más y las habilidades que se desarrollan son las mismas que en otras áreas: razonar, analizar y memorizar.

Una educación musical holística

La música es en primer lugar energía, energía que mueve nuestro cuerpo y nuestras emociones y así debería ser experimentada en primer y fundamental lugar. Cuando vivimos la música como energía nos beneficiamos de todas sus cualidades terapéuticas y sanadoras que han sido ampliamente descritas y utilizadas en la musicoterapia. La música debe vivenciarse, explorarse y asimilarse a través del movimiento y de la sensación corporal. Así el cerebro recibe la información que necesita para procesar el ritmo y para ser capaz de dar respuestas corporales cada vez más diferenciadas y ajustadas al estímulo musical. A través de la energía de la música el cuerpo se expande y explora su espacio de comunicación interna y externa.

En segundo lugar la música es lenguaje sonoro, lo cual quiere decir que su lógica interna se capta a través de la escucha y esto lo hacemos de una manera absolutamente intuitiva, lo mismo que hacemos con el lenguaje hablado. No necesitamos explicar gramática a un niño para que aprenda a hablar. Si lo hiciésemos lo único que conseguiríamos sería confundirle. Tampoco enfocamos su aprendizaje hacia sus errores cuando intenta balbucear palabras que va registrando de su entorno. Él por sí mismo se da cuenta de sus desajustes y aprende a ajustarse para hablar de una forma cada vez más precisa. Para que ese aprendizaje musical intuitivo tenga lugar, por un lado es necesario trabajar con la música sonora, no escrita, y captar unidades de sentido y no notas aisladas, y por otro lado es imprescindible improvisar, crear las propias ideas musicales, exactamente igual que hacemos con el lenguaje hablado. A nadie se le ocurre hablar a su hijo deletreando o permitiéndole decir sólo frases ya hechas, como hacen los loros. Para aprender a pensar, sea música o lenguaje verbal, hace falta improvisar, crear.

Lo que los niños van captando con su instrumento interno, el cuerpo, la voz, la sensación y la creación, aprenderán posteriormente a expresarlo en un instrumento, el piano, el violín, el violoncello. Para ello irán aprendiendo las destrezas físicas que necesitan para ello.

Finalmente, cuando los niños han desarrollado habilidades musicales básicas con su instrumento interno y externo, aprenderán a leer y escribir música, de la misma manera que lo hacen con el lenguaje hablado, cuando después de varios años de hablar con fluidez y destreza y de haber adquirido un vocabulario amplio, comienzan a leer y escribir.

Para construir de una manera orgánica y profunda esta relación interna con la música, nada mejor que comenzar desde el momento del nacimiento, sino incluso antes. Recibir al niño con música desde el momento que inicia su andadura en este mundo, es tener la oportunidad de crear un vínculo de comunicación y afecto único y precioso entre el niño y sus padres. Así comienza una educación musical informal que no pretende estructurar objetivos, sino crear espacios de florecimiento espontáneo.

Nuestra capacidad de aprender nunca es más alta que en el momento del nacimiento. Nacemos provistos de numerosas células específicas para cada sentido, que hacen posible que nuestras neuronas establezcan conexiones y circuitos cerebrales de aprendizaje. Si estas células no son utilizadas para establecer las conexiones relacionadas con el sentido correspondiente, en los momentos críticos del desarrollo cerebral, se pierden y nunca pueden ser recuperadas. Estas células servirán para reforzar otros sentidos y el sentido que se ha minusvalorado estará limitado de por vida. Por eso, si los niños en sus primeros meses de vida no tienen la oportunidad de adquirir un vocabulario de sonidos, las células que deberían usarse para establecer el sentido auditivo, serán redireccionadas hacia otro sentido, seguramente el visual, que será fortalecido a expensas del auditivo.

En Música  con Corazón creamos el mejor hábitat musical posible, dónde bebés y padres aprenden a interactuar a través de la música para así extender este espacio de comunicación musical en la vida cotidiana. Los padres aprenden canciones para despertar, para calmar, para estimular, para entretener, para bañar, para acariciar, para alimentar, para acostar a sus hijos. Pueden poner música a sus cuentos, a sus dibujos, a sus viajes, a sus buenos y malos momentos, pueden cantarles mientras juegan o mientras pasean. Estarán sembrando semillas que facilitarán el florecimiento de la musicalidad de sus hijos y con ello las abrirán un puente directo de comunicación con sus almas para el resto de su vida.

Música con Corazón es un proyecto que intenta ofrecer una alternativa de educación musical realmente artística, desde el comienzo de la vida hasta el último momento de ella. Entendiendo el arte como la más valiosa forma que el ser humano tiene de conectarse con aquello que le transciende y poder experimentarse como energía de creación.

Marisa Pérez

Creadora y profesora de MÚSICA CON CORAZÓN

(primera Escuela de Música en España

basada en la Teoría del Aprendizaje Musical

del reconocido pedagogo  americano E. Gordon)

AULA DE MÚSICA CON CORAZÓN EN ECOCENTRO

Conferencia presentación del proyecto 21 de septiembre de 2013

 11:15h en ECOCENTRO

A partir del curo 2013-14:

Inicio con Música para Bebés (0 a 36 meses)

Próximos cursos se irá ampliando a otras etapas

Info e inscripciones: www.musicaconcorazon.com